Bailar. Siempre bailar.

Según el diccionario de la R.A.E. (Real Academia Española) bailar es ejecutar movimientos acompasados con el cuerpo, brazos y pies.  Para mí bailar no es sólo eso. Bailar es una forma de expresarse, una forma de vida. Bailar es volverse uno con la música.  Bailar es volar.

Cuando era niña veía el ballet con mi mamá en la tele. Recuerdo que pasaba en la noche. Creo que era en el canal 11. No me acuerdo bien.  Era tan emocionante ver a los bailarines moverse tan ágil y libremente… Recuerdo, sobre todo, haber visto  El Cascanueces, La Bella Durmiente, El Lago de los Cisnes, Tarantella.  Gracias a esos ballets aprendí que bailar  es también  la magia de contar una historia con el cuerpo sin la necesidad de palabras.  El lenguaje del cuerpo es tan universal como el de la música.

Mis primeras clases de baile comenzaron a los cuatro años y fueron de ballet. Soñaba con llegar al momento de usar las zapatillas de punta dura. Tomé clases varios años pero no llegué a ese momento.  Era demasiado alta y  también demasiado descoordinada (lo sigo siendo). Además soy zurda y  nada delicada. Al llegar la adolescencia abandoné las clases de ballet. Sin embargo, no dejé de bailar. Frente al espejo o en  mi cuarto, mi cuerpo siempre se mueve.

Hay quienes logran esculpir historias con la música de su cuerpo y llevar a sus espectadores al mundo que ellos han creado con sus movimientos. Esos son los bailarines cuyos nombres no olvidaremos nunca como Mikhail Baryshnikov e Isadora Duncan. Sin embargo, también hay quienes bailan en el anonimato, quienes esculpen historias en la soledad de su cuarto, historias efímeras que desaparecen cuando la música se acaba.  Áquellos que sólo bailan para sí mismos, para serenar un poco su espíritu inquieto,  para aliviar su alma que sangra, para desempolvar sus alas y poder volar hacia  sus sueños.  Áquellos que bailan para mantener la cordura y sonreír.

En fin,  se trata de bailar para todos o para uno mismo, pero bailar.   No quedarse quieto. Disfrutar.  Bailar, para mí, es sentir la música en el cuerpo y tener urgencia de moverme con el ritmo.   A veces bailar es sudar el llanto hasta que se evapora.   Y casi siempre es dejar que la felicidad invada todo mi cuerpo, todos mis sentidos, todo mi yo.

Conozco a muchas personas que no bailan porque, según dicen, no tienen habilidad para hacerlo, dicen que tienen dos pies izquierdos.  Me pregunto si eso es realmente un impedimento. ¿Es necesario bailar a la perfección para disfrutarlo? Quiero pensar que no. Yo no tengo dos pies izquierdos pero soy demasiado zurda y nada coordinada.  Por muchos años me resultó imposible seguir las coreografías de las canciones de moda como  Saturday Night, el Payaso de Rodeo y No Rompas Más.  Me resultaba imposible girar como los demás, pues mi naturaleza me lleva a girar hacia la izquierda. Siempre comienzo a moverme con el pie izquierdo.    Me encontré con unas clases de baile de salón y me atreví a intentarlo. Con el tiempo, aprendí a girar del lado derecho y también a compartir: antes me resultaba imposible moverme en pareja…

Hay bailes para uno mismo y hay bailes que se comparten.   No es ningún secreto que el baile también conquista.  Bailar puede ser un coqueteo mudo, un encuentro de dos cuerpos que se comunican sin decirse una palabra, el comienzo de una larga historia…

Yo sólo sé que quiero bailar, bailar sin parar, bailar hasta que me muera. Quiero sentir en mi cuerpo la libertad de la música.

Baila mientras puedas hacerlo.  Baila.  Vive  tus sueños al ritmo de la música.  Baila, vuela y siente el abrazo de la vida.

“El baile es el ritmo de todo lo que muere para volver a nacer otra vez, es el eterno amanecer del sol.” -Isadora Duncan

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~ by Naraluna on May 7, 2013.

2 Responses to “Bailar. Siempre bailar.”

  1. Me gusto mucho estas palabras…Hay quienes bailan en el anonimato, quienes esculpen historias en la soledad de su cuarto, historias efímeras que desaparecen cuando la música se acaba. Áquellos que sólo bailan para sí mismos, para serenar un poco su espíritu inquieto, para aliviar su alma que sangra, para desempolvar sus alas y poder volar hacia sus sueños. Áquellos que bailan para mantener la cordura y sonreír.
    Con eso significas todo para el abile

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