Trabajo, cansancio y unos cuantos demonios.

Después de unos días de mucho trabajo y también cansancio, por fin he encontrado un espacio para escribir.

Una vez leí que es la idea la que escoge al escritor y no viceversa. Me parece que algo de verdad hay en esa frase. Cuando una idea decide hacerse presente, no hay escritor que pueda rebelarse. Pero, ¿qué ocurre cuando nos falta valor para escribirla? ¿Qué hacer cuándo esa idea duele?

Hay días en los cuales escribir no se trata de hacer poesía ni de embellecer nada; sólo se trata de escupir los demonios que uno lleva dentro, de buscar alivio al dolor, de sobrevivir.

Hay momentos en los que me siento merecedora de nada, momentos  en los que, además, me siento insegura y llena de miedos.  Me peleo conmigo misma y me cuesta trabajo mirar atrás y aceptar a quien yo fui y quien ya no se parece a mí, ya no. Al mismo tiempo, me cuesta trabajo tener fe en quien soy ahora.

No pude terminar un proyecto personal en la fecha que me había propuesto. Llevo años trabajando en él y no lo termino por no poder enfrentarme a mí misma, por no atreverme a lidiar con mi yo del pasado ahí reflejado. No me atrevo a llegar al futuro que ya tantas veces he visualizado.

Además de insegura, también me siento atrapada. Me envuelven las sombras de aquellos ayeres y tiemblo frente al espejo. No sé dónde quedó mi iniciativa ni tengo valor para moverme.  No avanzo y siento la desesperación llenar mi aliento.

No sé que hacer conmigo misma.  Llevo días sumergida en esta especie de letargo, apatía creativa, de parálisis anímica, de tormentas silenciosas.

Me cuestiono todo.  Me da miedo el éxito pero  también me da miedo quedarme aquí sentada. Por sobre todas las cosas me da miedo escribir. Me dan miedo las palabras.  No me atrevo a describirme. Me siento invadida por mis defectos y creadora del caos que me deja muda.

Mentiría si negara que tengo ganas de llorar. Mentiría si dijera que esta noche mi relación con la pluma es buena. También mentiría si dijera que hoy me sonreí en el espejo, que no me afectan ni la indiferencia ni las miradas de reproche, que no estoy cansada de tantas exigencias y expectativas que cubrir.

Esta noche mis palabras son el eco de un llanto profundo,  la tristeza de mis noches sin grillos, la expresión del caos despierto en mi interior, la voz de lo que callan mis labios…

También son la búsqueda de la salida, el camino para salir de este laberinto, un grito, un lamento, una esperanza.  Las palabras son  la única manera que conozco para comenzar a deshacer los nudos y salvarme.

Sólo escribiendo soy fuerte para enfrentar mis demonios.

Después de unos días llenos de mucho trabajo y también cansancio, por fin me atrevo a tomar la pluma y comenzar a sanarme…

Las flores se marchitan pero siempre renacen, yo también, yo siempre también.

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~ by Naraluna on April 23, 2015.

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