Letras, libros y una misión casi imposible…

Ya terminó la primera mitad del año. Se fueron ya los primeros seis meses de este 2015 y comenzamos con entusiasmo (espero) esta segunda mitad.

Mientras escucho música me pregunto que tan cerca o tan lejos estoy de alcanzar mis metas este año.  En enero me propuse trabajar en tres cosas: sólo tres resoluciones a cumplir. Tres resoluciones que no estaba dispuesta a olvidar una vez pasado el “entusiasmo” del Año Nuevo.

La primera fue escribir con constancia. Todavía me falta  camino para llegar a la meta pero avanzo con pasos firmes y cada día más fuertes. Este año he sido más disciplinada para escribir que los años anteriores.  Entre las metas que me puse con respecto a escribir, está la de escribir en mi blog por lo menos una vez a la semana y sólo dos veces he fallado en cumplirlo.   También he cumplido en ser constante para escribir mis sentimientos, pensamientos y experiencias; sin embargo, todavía no he terminado el proyecto en el cual he estado trabajando y que a estas alturas ya debería de estar listo. Todavía me falta ser más disciplinada y también valiente para terminarlo y para empezar uno nuevo.  Estoy tranquila porque sé que Roma no se construyó en un día y poco a poco me abro  camino, me adentro en mi universo de palabras y sé que pronto estaré lista para compartirlo.

Mi segunda resolución fue leer por lo menos de 10 a 15 páginas diarias. La mayor parte de las veces, leo más de las páginas que me propuse: no sé cómo detenerme cuando un buen libro me atrapa.

En estos seis meses he recuperado el hábito de leer todos los días y mi reto ahora es mantenerlo: organizar mi tiempo y seguirme dando esos minutos (por lo menos) al día para navegar en los libros.  Leer me hace crecer, me abre caminos, me muestra universos que jamás habría imaginado. A veces leer eleva mis alas y se vuelve mi refugio cuando la realidad duele; otras veces me obliga a poner los pies en la tierra y me muestra como es la vida en otros lugares del mundo. Cada libro me lleva por un camino diferente, cada libro me llena de lenguajes muchas veces desconocidos.

Me propuse leer 25 libros este 2015. No tenía idea si eso era mucho o poco y ahora estoy muy cerca de mi meta: llevo 18 libros leídos hasta ahora. Me siento contenta con respecto a la lectura porque ya tengo el hábito para leer diario. Si por algún motivo un día me resulta imposible leer, siento que algo me falta.  En los días más ocupados me esfuerzo por leer aunque sea unos quince minutos justo antes de dormirme.

Mi tercera resolución es la más difícil, la más compleja y para alcanzar esa meta todavía me falta un muy largo camino por recorrer. Se trata de mejorar mi carácter, es decir, de enojarme menos, de ser menos dura/ruda y estar más en armonía conmigo misma.

Toda mi vida, mi carácter ha sido fuerte y explosivo. En la adolescencia me enojaba con mucha facilidad. Mi mal carácter siempre ha sido un dolor de cabeza para mí pues va contra mi naturaleza pacífica, por más paradójico que esto suene.  En el transcurso de los años, ese mal carácter me ha llenado de culpa, de telarañas y por mucho tiempo me hizo sentirme una basura. Esa era otra razón por la cual no deseaba verme en el espejo.

Atrapada

Siempre he querido que desaparezca esa parte de mí. Al comienzo de mi adolescencia la bauticé como la Bestia. Algunas veces, al mirarme al espejo, eso era lo único que veía: una horrible bestia llena de culpa y vergüenza. Al llegar a la edad adulta decidí cambiar, acabar con la Bestia. Empecé por reprimirla, por tenerla bien enjaulada en mi interior. Para contenerla tenía que callarme y aguantarme. En realidad era una solución superficial que me llevaba a agacharme, a no defenderme y eso me llevaba  a perder el control después. Y al final, siempre terminaba sintiéndome como la peor persona del planeta.

Mi mal genio se contrapone a mi necesidad de paz, de amor, de vivir en armonía lejos de la violencia.

He logrado mejorar en  estos años de lucha para “deshacerme” de esa parte de mí que tanto daño hace, que tanto me lastima, pero me siento muy lejos de donde quisiera estar.  Además de llamarme bestia y/o monstruo, repetidas veces he llorado frente al espejo gritándome que no me merezco nada. He sido muy buena para recriminarme y juzgarme pero no tanto para perdonarme ni mucho menos para reconocer mis aciertos.

Hace dos años  comencé a perdonarme, a soltar los sentimientos que no deben permanecer en mí; sin embargo, me ha faltado mejorar mi carácter. Por eso este año me propuse alcanzar esa meta.

Sí he mejorado pero no me siento conforme con el resultado. Hasta hace una semana seguía utilizando la palabra bestia para referirme a mí misma; sin embargo, fue justo en esa semana, después de una fuerte crisis y un intenso malestar conmigo misma (emocional y físico), cuando encontré un nuevo camino para acercarme a mi meta. Creo que estoy más cerca ahora de armarme y reconstruirme que antes.

En estos días aprendí que bajo ninguna circunstancia debo utilizar palabras como bestia o monstruo para hablarme a mí misma. Juzgarme de esa manera sólo me permite sentirme mal conmigo misma, llenarme de culpas, mirarme -una vez más- en espejos rotos. Además, insultar esa parte de mí que tanto me desagrada es también rechazarla. ¿Cómo voy a mejorar algo que no acepto? ¿Cómo puedo sanar algo que me niego a ver? ¿Esa actitud me va a llevar a la meta?

Me tomó muchas lágrimas y varios días de crisis y colitis entenderlo. Me prometí no volver a insultarme de esa manera. Después de hoy nunca más volveré a usar las palabras bestia, monstruo y sinónimos para hablarme a mí misma ni tampoco para describirme.  Estoy aprendiendo a aceptar esa parte de mí, a abrazarla como mía, a perdonarla (perdonarme) para después poder transformarla en algo positivo.

Tener un carácter fuerte es parte de mí. No puedo eliminar esa parte de mí ni tampoco debo hacerlo pues también ese carácter me ha permitido defenderme y salir adelante en situaciones críticas, difíciles. Ese carácter me ha permitido lograr muchas cosas buenas y me ha llevado a ser quien soy ahora.  Lo importante es aprender a controlarme y no decir cosas de las que después me voy a arrepentir. Mi lucha no consiste en quitar esa parte de mí sino moderarla. Mi lucha consiste en aprender a expresar mi enojo de manera constructiva y a quedarme callada cuando me ganen los sentimientos negativos, cuando la emociones nublen mis pensamientos y me impidan ver la cosas con claridad.

No soy perfecta ni pretendo serlo. Sé que a veces enojarse es inevitable y también debo permitirme vivir esos momentos pero me esforzaré en ser una persona más constructiva, tolerante, en armonía conmigo misma y con las personas que me rodean.

Me tomó seis meses encontrar el camino que debo seguir para llegar a la meta. Me quedan otros seis para seguir aprendiendo y trabajando en ella, para convertirme en una persona más tranquila y con un mejor control de sus emociones.

Me siento satisfecha por seguir avanzando hacia mis sueños, por tener bien presentes mis resoluciones para este 2015, porque no me rindo ni tengo planeado hacerlo. Hay que seguir adelante en este verano que comienza.

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~ by Naraluna on July 2, 2015.

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