39 y Contando

Nací hace 39 años. Nací en la madrugada y desde entonces no me gusta dormir. Dice mi madre que a los dos o tres años le dije que la vida era demasiado corta para despediciarla durmiendo.  Supongo que desde esos tiempos (aunque yo no recuerde haber dicho eso) he estado llena de proyectos aunque no siempre he tenido la suficiente confianza en mí para  realizarlos.

Hoy me desperté feliz y con mucha energía.  Lo primero que hice al levantarme fue felicitarme. Quizá parezca algo obvio pero yo nunca lo había hecho.  Nunca se me había ocurrido felicitarme a mí misma y desearme lo mejor. Hacerlo me dio una increíble sensación de bienestar. Como si una luz se hubiera encendido en mi interior y me llenara de brillo.  Sé que suena un poco exagerado, pero he vivido 39 años y eso es suficiente para emocionarme.

Este año sí esperé la llegada de este día. Me alegra tener la oportunidad de agradecer otro año más de vida y de aprendizaje pues he tenido que recorrer un largo camino para desear crecer y, además, disfrutarlo.  En mi infancia, adolescencia y comienzos de la edad adulta me sucedía lo contrario: padecía lo que en inglés se llama “birthday blues” (algo así como una depresión precumpleañera) y esta especie de tristeza me afectaba desde agosto. No se que me sintiera vieja ni mucho menos pero no me gustaba crecer.  Mi cumpleaños me recordaba que había crecido.

Muchas de mis amigas morían por cumplir quince años, yo no. Yo lloré cuando el día llegó.  Debo admitir que muchos cumpleaños desperté llorando. Me rebelaba ante el hecho de crecer.  En aquellos tiempos celebraba mi cumpleaños para darme ánimos, para encontrar alivio en mis amigos y familia, además era una buena excusa para reunir a las personas cercanas a mí. Cuando cumplí 20 años hice todo lo posible para que mi cumpleaños pasara inadvertido. Ese año no hice reunión. Me fue difícil aceptar que ya había vivido dos décadas.  Ahora, mientras escribo, veo lo lejos que estoy de esos sentimientos: ya no soy esa persona. ¡Me sentía tan pesada cuando no iba ni a la mitad del camino!

Después de los 30 en lugar de reuniones comencé a hacer fiestas de lo que me viniera a la mente. Hice una fiesta hippie para mis 32 años. Tuve la casa llena de hippies y disfrutamos un concierto de música de los Beatles cortesía de The Nowhere Band (unos amigos que en ese entonces tocaban música de los Beatles).  Ese fue el primer cumpleaños que compartí con mi ahora marido. Teníamos poco tiempo de conocernos y apenas comenzábamos a salir. Mis ahora hijas eran dos pequeños y traviesos cupidos que me habían elegido como parte de su familia.

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Fiesta Hippie

Fiesta Hippie

Fiesta Hippie

Ese fue mi último cumpleaños del antes pues a partir del siguiente año mi perspectiva y mi manera de vivir mis cumpleaños cambiaría por completo.  Hasta  mis 32 años mis cumpleaños fueron un recordatorio no sólo de que había crecido sino también de las expectativas y metas que no había cumplido. Disfrutaba las yo al final del día, me quedaba con un sabor semiamargo en la boca. Me iba a dormir con la agridulce sinfonía de que otro año había pasado.

Recordar mi cumpleaños 33, el cumpleaños parteaguas, me trae sentimientos encontrados.  En ese entonces mi marido, mis niñas y yo ya vivíamos juntos. Un día antes de mi cumpleaños fue necesario hospitalizar a Rebeca y esa misma noche nos dieron el diagnóstico que nos confirmaron a la mañana siguiente:  tenía leucemia.  Mi cumpleaños fue un día de miedo profundo, de vivir en carne propia la vulnerabilidad de nuestra existencia, de despedirnos para siempre del mundo burbuja en el cual vivíamos. Pasé la mañana sola, afuera del hospital, caminando o sentada en una banca, tratando de que nadie me viera llorar. No no me dejaron pasar a ver a Rebeca porque no era su madre biológica. Yo cumplía años mientras su vida estaba en riesgo. No puedo describir lo que eso significó y todo lo que me vino a la mente en ese momento. Sólo sé que nunca más volví a sentirme mal por cumplir años, por tener la oportunidad de crecer.  Ese mismo día también hablamos con Inés para explicarle lo que pasaba con su hermana.  A pesar de todo, tuve la oportunidad de comer pastel: mi marido y mi cuñado me regalaron un pequeño en el Sanborns y en la noche estuve con mi mamá, mi hermana y Ness. Rebeca pudo llamarme por teléfono para felicitarme y escuchar su voz en el teléfono fue un gran regalo.

Ese sí fue  en verdad un agridulce cumpleaños. ¿Cómo describir ese dolor y ese miedo? Y a pesar de la oscuridad que parecía haber caído sobre nosotros, también hubo lecciones de vida, aprendizaje y regalos invaluables que el dinero nunca podría comprar. LLoré. Reí. Tuve muchísimo miedo. Agradecí. Sufrí pero también aprendí. Para cerrar este tema, sólo quiero escribir que hoy en día la vida de Rebeca es uno de los regalos más grandes que la vida me ha dado. Siempre daré gracias porque Rebeca haya sobrevivido. Dadas las circunstancias y la coincidencia de fechas, me resulta imposible no tener esto presente en un día como hoy.

A mis 33 recibí una gran lección. Aprendimos de esa lucha que comenzaba y que nos duró casi tres años a amarnos en las buenas pero también en las peores,  a valorar y agradecer cada segundo de vida.  Desapareció de mi vida el Birthday Blues y todas  esas absurdas ideas de no querer crecer.

El después de mis cumpleaños comienza con dar las gracias por un año más de vida. ¡Gracias! ¡Gracias por un año más de vida!   Siguieron las fiestas: un karaoke para mis 34  y una locura para mis 35: una fiesta de músicos. Los invitados tenían que disfrazarse del músico que quisieran. Siouxie and the Banshees, Boy George, Paulina Rubio, Janis Joplin, Chico Ché, Ashley Simpson, Cindy Lauper llegaron a mi casa. Yo me convertí en Robert Smith, el vocalista de The Cure y vaya qué lo disfruté. La última fiesta que organicé fue para mis 36 y fue una fiesta de estilo grunge y fachas. Ya estábamos más que acostumbrados a nuestra lucha, a nuestro estilo de vida y esos cumpleaños para mí fueron de agradecimiento, alegría y baile.

Mi disfraz de Robert Smith ;)

Mi disfraz de Robert Smith 😉

Cuando cumplí 37 años, Rebeca ya había alcanzado la salud y nuestra cotidianeidad había cambiado otra vez: no más hospitales, no más medicamentos  y de regreso a lo que podría llamarse la normalidad. Ese cumpleaños me desperté con la sensibilidad afilada y con lágrimas de alivio. Muchos tiempo detesté crecer y la mayor parte del tiempo me sentí lejos de mis expectativas, ese año vi en mí la esperanza y la ilusión de alguien que avanzaba hacia sus metas y que amaba la vida. Con ese ánimo fui al gimnasio  y al salir, estaban promocionando productos de maquillaje. Nunca me maquillo, pero acepté que me mostraran los productos. Me gustó hacer algo diferente pues simbolizaba el cambio que estaba viviendo. Ese fue un año de cambios y de arduo trabajo en mí misma. En lugar de organizar una fiesta preferí celebrar con mi familia. Tenía necesidad de pasar más tiempo con ella (tanto mi familia de nacimiento como la que yo escogí).

Al cumplir 38 además de agradecida, desperté emocionada por lo que vendría en el camino. Me sentía más ligera y joven, más dispuesta a hacer las cosas y mucho menos aprehensiva. Por fin me saqué para siempre de mi vida a la flaca fea y fortalecí mi confianza en mí misma. Me dediqué a cerrar ciclos para poder abrir nuevos. Trabajé en soltar mi pasado, en perdonar y dejar atrás todo lo que me había hecho daño y volví a crear.  He escrito con constancia y disciplina. He disfrutado cada instante y ya estaba lista para comenzar una nueva etapa. Esperaba este cumpleaños ansiosamente. Me emocionó como nunca cumplir años y me di cuenta de que espero ilusionada a que lleguen mis cuarenta. No me siento nada vieja y, por el contrario,  soy y me siento mucho más joven que antes. Ya no me siento pesada ni tengo miedo a crecer. Me dio cada día con más facilidad y voy aprendiendo a darle proporción a mis preocupaciones. Tengo más sueños que antes y también más energía para realizarlos.

38 años

38 años

A los 20 años deseaba correr pero no aguantaba ni un kilómetro: me quedaba sin aliento y con un severo dolor de caballo. Empecé a correr al llegar a los treinta y tenía 36 cuando corrí mis primeros 10 kilómetros. Hace 2 meses volví a correr 10 kilómetros y ahora entreno con el objetivo de correr 20 antes de que termine el año. Ya no me quedo sin aliento y ya olvidé qué es un dolor de caballo. Me siento feliz con mi edad y estoy de acuerdo con la filosofía de mi papá: la mejor edad es la que uno tiene.

Tengo la energía de mi juventud y la madurez para disfrutarla. Ya superé los dilemas existenciales de la adolescencia y las terribles inseguridades del comienzo de la edad adulta. Me siento plena, feliz y motivada. Estoy llena de proyectos, planes y objetivos.

Estoy enamorada de la luna, del cielo y de las flores. Me conquista el olor de la lavanda y el canto nocturno de los grillos. No le temo a mi edad y he decidido no envejecer. Tengo canas y algunas arrugas. Llegado el momento, mi cuerpo podrá envejecer un poco pero yo me mantendré joven y fuerte. Seré la abuelita con el pelo pintado de colores y ropa inadecuada para su edad. Muchos me criticarán pero yo seré feliz.  Agradeceré cada cumpleaños y celebraré los años que me queden por vivir. Cada día es un milagro y me siento llena de ellos.

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No es tan difícil ser feliz, lo difícil es darnos la oportunidad de serlo. Nos llenamos de exigencias y de necesidades que nos  impiden disfrutar los  pequeños detalles, los regalitos que la vida nos hace cada día.

Celebraré este cumpleaños con mi familia y el año que viene tiraré la casa por la ventana para celebrar mi llegada al cuarto piso.

Panqué de limón

Panqué de limón

Todas las lágrimas que he llorado, todos los golpes que me he dado, todas mis caídas han valido la pena pues gracias a ellas he podido aprender, madurar y disfrutar. Todas estas vivencias me hacen ser quien soy ahora.

No soy vieja, apenas me voy acercando a la mitad de mi vida y eso me mantiene motivada.

Nunca pensé que llegaría el día en el cual me miraría al espejo y me sonreiría pero ese día ya llegó y me quité un enorme peso de encima. Aquí estoy hoy, 2 de septiembre de 2015, mirando al futuro y abrazando la vida.

39.

39.

Agradezco a las personas que han sido parte de mi vida porque todas me han enseñado a ser mejor; pero sobre todo agradezco a las que han decidido permanecer conmigo y aceptarme, amarme tal y como soy, con todos mis aciertos y con todos mis errores.

Hoy fue un hermoso día para cumplir 39 años. Muy hermoso.

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~ by Naraluna on September 3, 2015.

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