Vive y Deja Vivir

Una nueva manera de comunicarse surgió con la aparición de las redes sociales. Se supone que fueron hechas para acercar a las personas, para abrir caminos de comunicación, para acortar la distancia.  Hay para quienes sí ha sido así y hay para quienes ha resultado todo lo contrario.  Cuando empecé a usar las redes sociales, no me agradaba publicar fotos ni hacer comentarios muy personales. No me parecía atractiva la posibilidad de que todo el mundo se enterara. Eso no me impidió experimentar con ellas. Conforme pasó el tiempo, me quité los prejuicios y paranoias, me expresaba cada más y también empecé a publicar fotografías.

Cuando surgió Facebook, tuvo mucho auge porque era un espacio en el cual la mayoría de las personas solían ser ellas mismas (sin falsas identidades) y podían expresarse sin prejuicios.  Para mí ha sido un buen invento pues no suelo ser una persona que hable por teléfono y debido a eso perdí contacto con muchas amistades importantes o personas a las que me hubiera gustado conocer más.  Facebook me brindó la oportunidad de reencontrar a varias personas o de que ellas me reencontraran a mí y de volver a estar en contacto con ellas, de tener una relación con ellas que va más allá de lo virtual. Facebook ha sido una herramienta para ponerme en contacto con ellas y ponernos de acuerdo para vernos, para ir por un café, reunirnos a comer, convivir.

Antes de las redes sociales, sólo teníamos la posibilidad de imaginar que habría sido de la vida de las personas que alguna vez fueron cercanas a nosotros o del compañero de la prepa del cual nunca volvimos a saber nada; ahora con las redes sociales, principalmente el Facebook, es posible saber de sus vidas, saber cómo están, a qué se dedican.   Me gusta decir que Facebook es el chismógrafo más grande del mundo. Esto puede ser algo  bueno o malo, depende de lo que se comparta, de la forma en la que esta red sea utilizada.  Dicho de otra manera, las redes sociales pueden ser una gran herramienta o el peor enemigo. ¿De qué depende? De nosotros, de cada uno de nosotros y nuestra manera de utilizarla.  Creo que las redes sociales son como un espejo y la pregunta es: ¿Qué queremos que los demás vean de nosotros?

Además de ser para mí una manera más efectiva de comunicarme con los demás (sigo sin llevarme muy bien con el teléfono), las redes sociales son para mí una especie de entrenamiento para sacudirme el miedo a publicar lo que escribo.

Por un tiempo – no sé si largo o breve- en Facebook uno era libre de expresarse, de escribir lo que se le viniera en gana y estar en paz. Desafortunadamente eso ya casi no sucede.  Supongo que era una utopía pensar que la intolerancia de las personas no se filtraría a las redes sociales. Después de todo si creamos sociedades intolerantes en el mundo real y si las redes sociales son un espejo de nuestra realidad, tarde o temprano la intolerancia tendría que alcanzarnos.  Así que cuando me di cuenta, Facebook se llenó de críticas destructivas, quejas y de jueces que dictan reglas sobre qué de se debe publicar y qué no. Así como hace siglos surgió el manual de Carreño para decirle a la gente cómo comportarse,  ahora circulan imágenes, memes y artículos que le dicen a las personas qué publicar y qué no, dando por hecho que uno debe de  publicar para interesar y/o complacer a los demás y no para expresarse; esto mismo sucede en las sociedades: uno debe de vivir para complacer a los demás y no para realizar los sueños propios (si estos no son los mismos que los de los demás miembros de la sociedad).  Por si estas reglas no son suficientes y uno no entiende lo que debe o no publicar, hay una cantidad infinita de memes irrespetuosos que se burlan de los que las personas publican y además existe la censura. Si no seguimos las reglas de lo que debemos publicar, pues las personas sólo tienen que dar clic al botón reportar  la publicación que después será censurada. Me imagino que también es necesario que nos digan qué podemos ver/leer y que no, pues, al parecer,  no tenemos el criterio adecuado para decidirlo nosotros mismos.   ¿No tenemos el derecho de decidir qué queremos ver/leer y qué no?

De la misma manera en la que muchos se vuelven jueces al entrar a Facebook y quieren tener el control sobre qué se debe publicar y qué no, intentan obligar a las personas a tener conciencia por medio de mensajes agresivos, con imágenes violentas y amenazas (si no publicas esto en tu muro es porque te vale).  Ante esto tengo dos cosas qué comentar: 1) La conciencia no se impone, no se obliga, se crea; el objetivo es que las personas entiendan la situación y se solidaricen con ella.  Eso es lo que genera el cambio no las amenazas ni las fotografías violentas. 2) Muchas personas que publican estas fotografías no muestran ni conciencia ni tolerancia en sus acciones con respecto a las fotos que publican.  Como ejemplo de esto, les comparto mi experiencia. Un sinnúmero de personas ponen la famosa foto de “pon esta foto en tu muro para ayudar a una persona con cáncer” y la foto de la que hablo cierra con la famosa amenaza que dice más o menos así “seguramente pocas personas van a ponerla en su muro porque les vale”. ¿Cuántas de esas personas donaron sangre o ayudaron  a encontrar donadores para ayudar a niños con cáncer o preguntaron cómo podían ayudar si no tenían la posibilidad de donar sangre?  Ya se imaginarán la respuesta, pocas de las que viven publicando ese tipo de imágenes; sin embargo, muchas de las que apoyan todas las veces que pueden casi nunca publican cosas con ese tipo de sentencias incriminatorias: “lo publicas o no te importa”.   La conciencia, el amor, la tolerancia se demuestran en nuestras acciones y no en las cosas que publicamos. Las palabras se respaldan con hechos.  Muchas personas parecen vivir bajo la premisa: “estás conmigo o en mi contra”.   Me pregunto qué les hace creer que pueden y deben decirle a los demás cómo vivir.

En fin, la gota que derramó el vaso y que desató en mí esta tormenta, esta necesidad de escribir al respecto de este tema fue justamente la ola de comentarios y mensajes de odio que surgieron a raíz de lo sucedido en París.  Muchas personas se solidarizaron con la tragedia y no dudaron en expresarlo en Facebook.   Entonces comenzaron las quejas agresivas donde se acusaba a estas personas de ser indiferentes con respecto a los otros lugares en los que también están pasando cosas terribles.  No mencionar el tema era no tener conciencia de las cosas, mencionarlo también.  A quienes pusieron la bandera de Francia en su perfil de Facebook, no han cesado de criticarlos ni de agredirlos.  Hoy circuló una fotografía donde se crítica e insulta a las personas que pusieron la bandera.  ¿Por qué la agresividad? ¿Vamos a hacer del mundo un lugar mejor agrediendo a los demás? ¿Hay agresiones aceptables y agresiones inaceptables?   Creo que es mejor agradecer que haya personas que se solidaricen y sensibilicen. También quiero mencionar y agradecer a las personas que publicaron comentarios pacíficos y constructivos en los cuales además de solidarizarse con la tragedia en este lugar, también se solidarizaron con el resto del mundo y cuyas acciones positivas promovieron el generar conciencia de las demás situaciones violentas, dolorosas e injustas que están viviéndose en otros lugares. Hubo personas que compartieron información acerca de lo sucedido en Beirut, en Bagdad, Siria, Palestina, por supuesto también en México. Hubo varias personas que  se solidarizaron y que se involucraron más con estos temas.  De esta manera si es posible comenzar a crear conciencia en los demás sin emitir juicios ni menospreciar a nadie.  Tanto en el mundo virtual como en el real admiro mucho a las personas que ejercen la tolerancia y están siempre buscando maneras constructivas para ayudarnos a tener una mayor conciencia de lo que sucede en el mundo.  No siempre se trata de indiferencia ni de menospreciar, muchas veces no contamos con toda la información. Además, también tenemos motivos diferentes y desconocidos para los demás. Muchas de las personas  que sigo en Facebook, tienen parientes o amigos muy cercanos en Francia, son francesas o vivieron un tiempo allá. Además, insisto, somos libres de publicar lo que queramos, somos libres de vivir nuestra vida de acuerdo a nuestros ideales. Entonces, ¿por qué hacer sentir mal y agredir a la persona que no actuó como nosotros deseamos, requerimos, esperamos?

En el transcurso de estos días me encontré con varios comentarios de personas que se han cansado de tanta crítica, negativismo e intolerancia. Normalmente no ponerle atención a los juicios y críticas destructivas debería de ser suficiente, desafortunadamente, a veces el negativismo se contagia, desanima, cansa. Dicho de otra manera, una sobredosis de comentarios tóxicos, pues intoxica.

Tolerancia

Hasta ahora no me había afectado la intolerancia en Facebook, pero en estos días de noticias tan complicadas y de haberme topado con la indiferencia ante  el prójimo, de tener la sensibilidad y el dolor a flor de piel, pues esta circunstancia me ha afectado, me ha entristecido, me pesa.  Me resulta paradójico que se exija no ser indiferente, solidarizarse con el mundo a través de insultos y mensajes agresivos.  Me parece paradójico que se busque la paz a través de la violencia, del estás conmigo o en mi contra y no  a través del respeto mutuo, de la tolerancia a nuestras diferencias.

Toda esta ola de comentarios hechos para lastimar no da paz ni bienestar a nadie; sucede exactamente lo contrario:  crece la intolerancia, se intensifica el enojo y no parece haber una manera de vivir en armonía.  El decir las cosas de manera agresiva o amenazante lejos de crear una conciencia sólo intimida o provoca rechazo.

¿Cómo hablar de libertad de expresión si se trata de juzgar lo que publican los demás?   Nunca he entendido la necesidad de tantos seres humanos de dirigir la vida de los demás, de intentar obligarlos a pensar y vivir como ellos cuando cada persona es diferente, tiene sus propios sueños e ideas.

Se supone que todos escogemos a nuestros amigos tanto en el mundo como en las redes sociales, se supone que escogemos a quienes seguir. Se supone que no estamos obligados a leer lo que alguien publica así como tampoco  a tomar un café con alguien que nos nos cae bien.  De la misma manera, cada persona debería de tener la libertad de expresarse y de publicar lo que quiera sobre el tema que se le ocurra.  Si se trata de reglas, me parece que la única regla indispensable sería el respeto.  Desde niña en la escuela me enseñaron que la libertad de uno termina donde comienza la libertad del otro. Cada persona es responsable de sus acciones y de sus publicaciones.

Ojalá todos pudiéramos ejercer la tolerancia, sonreír más a menudo y quejarnos menos, aceptar a las personas cómo son y no cómo queremos que sean.

Ojalá que pudiéramos dejar que los demás vivan su vida de acuerdo a sus ideales y decisiones y  vivir nuestra vida de la mejor manera posible, con respeto al prójimo en ambos casos y sin ser jueces de nadie, de absolutamente nadie.

 

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~ by Naraluna on November 21, 2015.

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