Cuatro décadas y el adiós a una enemiga.

Dicen que la vida empieza a los cuarenta o que los cuarenta son los nuevos treinta. Como quiera que sea, yo estoy feliz con mi llegada al cuarto piso y me siento más joven que nunca, también más rebelde.

Celebré una década más de vida con fiesta, piñatas y muchas sonrisas. Celebré con una carrera de 26 k.  Celebré sin usar una gota de maquillaje (sí, voy por la vida con la cara lavada, sin ocultar mis arrugas; lo disfruto mucho) y  mostrando mis canas brillantes (herencia de mi abuela paterna) de las cuales me siento orgullosa (ellas también tienen su historia). Por último, celebré con una sonrisa y mucho agradecimiento. Tal vez para muchos no lo parezca, pero es una gran hazaña llegar a los cuarenta.

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Cumpleaños #40

No me asustan los famosos tas y me rebelo contra los estereotipos de la edad. No acepto ideas como: “no es lo mismo los tres mosqueteros que veinte años después”, “ya llegaste a la edad en la que todo empezará a dolerte”, “antes podía hacer… pero ahora ya no”, “a mi edad…”.  El concepto de que la edad incapacita, de la vejez que inutiliza, de los ya no puedo no va conmigo ni con lo que me han enseñado mis padres (y también mis abuelos). No diré eso de mí ni de esta maravillosa etapa que comienza. Soy más fuerte que hace veinte años. Tengo mas energía, entusiasmo y alegría. Disfruto más de la vida y tengo la certeza de que apenas viene lo mejor.

Decidí vivir mis cuarenta aceptándome tal cual soy, abrazándome más y juzgándome menos. Necesito amarme más y recriminarme menos.

Hace siete meses me prometí no volver a actuar en mi contra; no volver a insultarme, menospreciarme, dirigirme palabras negativas; sin embargo, justo después de mi cumpleaños me percaté de que no he logrado cumplir esa promesa.

Me exijo mucho siempre, me critico todo, constantemente me siento incapaz de lograr las cosas y cuando lo hago, nunca es suficiente. No necesito enemigos porque me tengo a mí misma para hacerme daño.

Me resultó muy doloroso enfrentarme a esta verdad, la cual llegó con una meditación en medio de una crisis muy fuerte de colitis y gastritis (la primera en seis meses y espero también, la última). Durante esta meditación que realicé para quitarme el dolor, para encontrar la armonía en mi interior, me hice consciente de todos mis “no puedes”, “qué tonta eres”, “no eres buena”, “no lo hiciste bien”, “no es suficiente”, “mal, mal, muy mal”.  Nadie mejor que yo misma para mantenerme lejos del éxito. Me quedó claro que mi primera reacción ante cualquier situación es recriminarme y dejar claro que pude haberlo hecho mejor. Esto me ha llevado a frustrarme por un lado, y a esforzarme demasiado por el otro. He tenido esta necesidad de demostrar que sí soy buena, misión que además, me ha resultado siempre imposible…

En ese momento de la meditación empecé a llorar sin intentar detenerme y me puse las manos en el vientre mientras pedía perdón a mi cuerpo por exigirle tanto, por no abrazarme lo suficiente, por no amarme lo suficiente. Pedí perdón una vez más. Pedí perdón varias veces. Las lágrimas dejaron de salir y la paz comenzó a llegar. Seguí meditando en el perdón y en el amor. Cuando abrí los ojos ya no tenía dolor y estaba muy relajada.

La perfección no existe y no aspiro a ser perfecta; sin embargo, he actuado como si esa fuera mi meta. Quizá antes no pude cumplir mi promesa porque no tenía conciencia de mi situación, no tenía claro como mi pasado, en silencio, me seguía afectando. Pasé muchos años de mi vida luchando por ser invisible, por esconderme, por alejarme del éxito. Sin quererlo ni saberlo aprendí a boicotearme para nunca llamar la atención.  En la infancia me rechazaban constantemente y les di la razón: seguramente me molestaban porque yo era mala y me lo merecía. Por si no fuera suficiente, he vivido muy consciente de mis fallas pero no de mis aciertos.  Me enojó mucho que me doliera la pierna cerca del final de la carrera de 26 k;  me enojó sentirme como tortuga y ni siquiera pasó por mi mente que había quedado en tercer lugar (de mi categoría). Me enteré horas después. Antes de felicitarme, me frustré. Antes de felicitarme, ya me había reclamado no sé cuántas cosas.  Me duele recordarlo, pero ya me perdoné y voy aprendiendo de mis errores.

Ahora, sin dolor ni promesas,  con tranquilidad y conciencia, conectada con  mi cuerpo y despidiéndome del pasado, día a día me voy deshaciendo de los ataques contra mí misma. Me perdoné primero y me abracé después. Desde ese momento, cada día me digo una cosa positiva y me reconozco algún logro; cada día me sonrío, me abrazo y agradezco la oportunidad de reescribir mi historia, de reinventarme, de estar aquí más fuerte y también más sana.

Después de varios meses de tener la intención de hacerlo, ahora sí estoy meditando diario, lo que me ayuda a desintoxicarme de los pensamientos negativos y a sentirme mejor conmigo misma. Llevo casi dos semanas sin darle la bienvenida a esos pensamientos en mi contra y, a la vez, reconociendo mis aciertos. Cuando me veo al espejo siento que brillo como mis canas.   Si mi enemiga intenta regresar, el recuerdo de mi última carrera, mi  crisis de colitis y otros momentos duros en los que me he lastimado para obstaculizar mi camino al éxito me darán la fuerza para detenerla. Ya no tengo motivos para hacerme invisible y, sobre todo, ya no quiero eso para mí.  Tampoco quiero ser juez de nadie, ni siquiera de mí misma.

Tres semanas después de mi cumpleaños me inunda una enorme sensación de bienestar sin límites ni miedos nueva para mí. Recibo esta década muy agradecida, emocionada y enfrentando los retos necesarios para llegar a donde quiero. Recibo esta nueva década con entusiasmo y amor, escuchando a mi cuerpo, en armonía conmigo misma.

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Este es el fin de la batalla, me despido de mi enemiga de toda la vida: voy a amarme más cada día, a valorar mis logros y a perdonar mis fallas.

Siento como si me hubiera quitado veinte años de encima. Quizá los cuarenta sean los nuevos veintes… y yo me siento lista para correr el primero de los muchos maratones que me faltan por correr.

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~ by Naraluna on September 22, 2016.

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