De cómo el Astronauta de Bohemia trajo la ópera a mi vida.

Escucho Rusalka mientras escribo.  Es una ópera y la disfruto.  Me cuesta trabajo creerlo: yo odiaba la ópera. ¡La odiaba! ¿Qué me está pasando?  La culpa es de la ciencia ficción, de Jaroslav Kalfař autor  del Astronauta de Bohemia, el libro que acabo de leer.

IMG_20170711_222935

El Astronauta de Bohemia

Me encontré esta novela en la Gandhi.  Estaba ahí buscando libros con mi marido mientras nuestras adolescentes compraban ropa. No suelo leer ciencia ficción pero me atrapó el título. Bohemia es una región de la República Checa donde yo estuve. Conocí algunas de sus ciudades, entre ellas Praga.  Recordé mis clases de checo y un viejo sueño de vivir ahí.  ¿Cómo resistirme a leer una novela de este país y de un escritor de este siglo?  Lo único que  me hizo dudar fue el género: ciencia ficción; sin embargo, me arriesgué y tomé el libro.  Lo peor que podría pasar es que no me gustara. Entonces lo dejaría  y buscaría otra historia; sin embargo,  una vez que lo abrí  ya no pude despegarme de él.

IMG_20170711_223043

El Astronauta de Bohemia

Esta es la historia de un astronauta checo cuya misión consiste en capturar las partículas de Chopra, una nube que se formó entre Venus y la Tierra y la cual sumió las noches terrestres en una luz zodiacal color violeta.  Su viaje tendría una duración aproximada de ocho meses y él, Jakub Procházka, sería el único tripulante del Jan Hus 1.  En este largo, incierto y solitario viaje, tendrá tiempo para reflexionar, recordar los momentos importantes de su vida y también de la historia de su país, como la caída del comunismo en 1989.

Casi no leo ciencia ficción porque, por lo general, me resulta aburrida. Pierdo la paciencia con el exceso de la tecnología, el liderazgo de las máquinas o la invasión de los extraterrestres, el futuro oscuro casi siempre apocalíptico donde el hombre está condenado a su destrucción (resultado de sus acciones egoístas y nocivas para la Tierra). El Astronauta de Bohemia no sigue este patrón. El futuro no lo es todo en esta aventura. No sólo se trata de la misión de Jakub Procházka y los obstáculos que pueda encontrarse para cumplir su misión o de si la nube es dañina o no para el planeta y sus habitantes, sino también de la historia de la República Checa (antes Checoslovaquía), de las consecuencias de la caída del comunismo, de un análisis de la sociedad (y una crítica también).  Hay momentos en los que la ironía con la que Jaroslav Kalfař cuenta algunos hechos me hizo reír, como cuando menciona varias veces a las compañías patrocinadoras de los productos que lleva en su transbordador espacial, como, por ejemplo, su cepillo de dientes azul, cortesía de Superzub, destacado distribuidor de productos dentales y patrocinador de la misión.  

Me gustó mucho no poder predecir lo que sucedería con el personaje central ni cómo terminaría su aventura. ¿Tendría éxito en su misión? ¿Moriría en el camino? ¿Lo secuestrarían los extraterrestres? ¿Lo esperaría su esposa? ¿Volvería la humanidad a tener sus noches oscuras o se quedaría la Chopra llenándolas de violeta?  ¿Era la nube inofensiva o terminaría con la vida en el planeta?

Buscando las respuestas me topé con la visión de Jakob quien mira al mundo desde lejos, como si él ya no perteneciera a él.  Me gusta su análisis de la sociedad y su manera de criticarla.  Unas veces me reí un poco; otras, sólo me quedé en silencio.

No se equivoca cuando dice que casi todo aquello que amamos está abocado a convertirse en polvo.  Aunque es algo que quizá ya sabía, no pude evitar quedarme pensando en eso un largo rato. Me vinieron a la mente las famosas palabras que me decían cada año el miércoles de ceniza: polvo eres y en polvo te convertirás. En fin, también me quedo con dos sencillas (en apariencia) leyes que se mencionan en la historia: No se debe violentar el cuerpo. No se debe temer a las verdades.  Me gustó la manera tan directa y concisa de decir algo, para mí, tan fuerte y cierto.

Sobre la aventura de Jakub Procházka sólo diré que valió la pena leerla.  Lo que todavía no sé si agradecer o reprochar al Astronauta de Bohemia es que me haya acercado a la ópera, pues antes de leer este libro, la detestaba. ¿Pero cómo no sentir curiosidad cuando Jakob habla de Rusalka con tanta pasión?

Es una ninfa acuática que se enamora de un príncipe, y para captar su atención, acepta beberse la poción de la bruja y volverse humana. El príncipe se lleva a Rusalka a su castillo pero cómo no (yo ya me lo imaginaba), aquel patán de mandíbula cuadrada la traiciona y deja por una princesa extranjera. Yo desearía que esta representación no terminara nunca, estoy cautivado, me limpio los mocos del labio superior. […] En mi futuro sólo habría una mujer  a la que amaría tanto como a Rusalka”.

Al leerlo, me di cuenta de que se trataba de una versión de la Sirenita de Hans Christian Andersen, mi cuento favorito.  Eso despertó en mí la necesidad de escucharla.  El astronauta me contagió su entusiasmo.  Después de leer el libro buscaría la ópera en internet para disfrutarla. Di por hecho que me iba a gustar,  en ese momento se me olvidó mi aversión por ese género. Sólo deseaba conocer a Rusalka, sentir la música en mis venas, conmoverme.

Cuando llegué al final, cerré el libro con la tristeza habitual de haber terminado una buena historia, con esa sensación de haber perdido algo y el vacío de haberme quedado sin mi lectura. Viví el duelo que tanto me abruma cuando me despido de un buen libro. Me quedé sin nada que leer, extrañando al Astronauta de Bohemia.

Para animarme cumplí con lo dicho, busqué Rusalka en internet y me sorprendí al saber que era una ópera de Antonín Leopold Dvořák. Escucharla me enterneció y me dejó el dulce abrazo de la melancolía.   Necesité escucharla un par de veces más.  Hipersensible y soñadora, enamorada de las dulces voces, sorprendida. Jamás imaginé que este género de música pudiera hacerme eso.

Hace una semana no me interesaba leer ciencia ficción y me parecía terrible escuchar ópera. Ahora ya viajé al espacio y me enamoré de Rusalka.  Una vez más la literatura me enseña, me obliga a mirar horizontes que menospreciaba y me transforma, renueva y reconstruye.

Mi sed de volver a Bohemia me regaló esta aventura. Regresaré pronto y veré Rusalka en Praga. Mientras tanto, recomiendo leer El Astronauta de Jaroslav Kalfař porque  me parece necesario nadar en el caos, nadar sin temor, nadar sin expectativas pero siempre valorando cada antojo, la belleza de los estrafalarios giros y sacudidas que bombean la sangre por nuestras raquíticas venas.

Advertisements

~ by Naraluna on July 12, 2017.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

 
%d bloggers like this: